miércoles, 25 de julio de 2012

Julio Orbegozo



Nació en Otuzco, La Libertad, en 1939. De niño emigró con su familia a Chimbote, donde creció y se hizo cofundador del legendario Grupo Literario Perú. Ha publicado los libros de cuentos "Brumas sobre el puerto" (1990), "Los cutreros" (1993), "Los zapatos rotos" (1997) y la colección de cuentos, "En busca de un lugar" (2010), y en poesía, "Cuadros rotos". También es autor del libro de homenaje al centenario de Chimbote, "Semblanzas porteñas" (2007).


Emigración


Con mirada ansiosa 
lánguida 
y perdida
en su agónica 
mañana de ilusión 


Y sintiendo 
en sus tripas
el mordisco 
del vacío


Por una esquina 
de la vida
van los cochos
arrastrando
con los ojos
su mortaja 


Triste final 
de estas aves 
que no los veló 
la mar
sino el hambre 
de las plumas 
la indiferencia 
y el olvido.

Fuente: Orbegozo Bernabé Julio. Cuadros rotos. Imo. San Martín, Chimbote.

domingo, 15 de julio de 2012

Enrique Tamay


Chimbote (1964). En 1988 publicó su primer libro de cuentos, Abriendo la puerta. Su novela Transeúnte sin destino, apareció en 1994; anteriormente había publicado un segundo libro de cuentos, Por el pasadizo (1991). En 1998 entregó el poemario Cuaderno de interrogantes, luego el conjunto de microrrlatos De infidelidades y demás yerbas (2006) y el volumen narrativo La historia del supuesto medio hermano de mi media abuela (2009).

1

Acaso soy un poeta maldito
o simplemente la maldición me ha caído
encima desde el principio

Ayer mismo sorprendí a mi sombra
acechándome  sin preámbulos y
me partió el alma
de un solo golpe con una sola lágrima
con un solo suspiro
Por qué una lágrima ajena tiene que 
calar hasta mis huesos 
y por qué tengo que huir 
encerrarme en mi habitación o oscuras 
quedarme profundamente dormido 
y no querer soñar con nadie ni con nada 
Por qué las cosas tienen que ser de este 
modo y no de otro 
Realmente a mi sombra le regalé un instante
de ternura de esperanza 
de camino para encontrarse 
Yo soy un poeta maldito poseído 
por los mil demonios 
cuando levanto el vaso hago sombra 
cuando apuesto a plasmar caminitos en una hoja 
en blanco hago sombra
cuando le hago el amor a mi mujer hago sombra 
cuando juego con mis hijos hago sombra 
Los muertos también hacen sombra
pero yo quiero vivir...vivir
por siempre para siempre 
caminar descalzo ventilar 
mi humanidad al infinito 
No me imagino cadáver 
ausente
este pensamiento me angustia 
La vida tiene un precio  la muerte se juega a la ruleta
Tengo que andar lo andado y no andado 
encontrar un tramo de paz para mis ojos 
me animo y ne el trayecto descubro a un imbécil 
conozco a más de uno y todos me parten la paciencia 
y no tengo tanta paciencia para tanta imbecilidad 
de todas formas tengo que cruzar la ciudad 
cruzarla y evitar la trampa de su monotonía.

Fuente: Revista literaria Alborada Nº 26( análisis y creación). Isla blanca. Chimbote, 2002

jueves, 12 de julio de 2012

Miguel Rodríguez Paz




Nació en Chimbote en 1936. Poeta y abogado. Hizo estudios escolares en el colegio Nacional San Pedro y realizó estudios superiores en la Universidad Nacional de Trujillo donde se doctoró de abogado. Ganó el concurso de los Juegos Florales en dicha universidad. En  Chimbote fundó la Casa de la Cultura y fue presidente del Frente de Unificación y Desarrollo de Chimbote. Fundó con Oscar Colchado Lucio y otros escritores el Grupo “Isla Blanca”. Escribió tres novelas “Náufragos de la vida”, “Los incomprendidos” y “Los buitres (inconclusa). También ha dejado inédito el poemario “Mares sin puerto”.
Su muerte prematura ocurrida en 1982 le impidió plasmar una obra superior, a uno de los escritores más intensos y sensibles de Chimbote. Su vida sirve de tema principal en la novela “Leyenda del padre”.

Hay un puerto que se llama absurdo

Hay un momento en que el  alma muere
enfagada en la hediondez desesperante
de un légamo de absurdos;
muere como una cosa informe que se despedaza
y se desperdiga sin que le importe a nadie;
como un cuerpo que rueda por el acantilado,
sin que a nadie le detenga,
sin que le mire nadie
sin que le salve nadie.
Hay momento en que el alma muere
sí, muere a pedazos
y uno la ve morir…

A veces quiere tener la fe de otros,
la vida de otros
la alegría y jocosidad de otros;
se quiere ser ciego hasta el tuétano,
y se envidia la esquizofrenia,
porque la vida duele de veras
con un dolor sin esperanza,
pungitivo
malsano
desquiciante
agobiador…
Y la realidad se parece a una mortaja inmensa
que lo ahoga a uno con el sudor de muerte.
Es un piélago negro de recuerdos
que tormentan horriblemente la existencia,
y es que jala la vida por los pelos
en un aciago intento de volver  atrás
¡Ah, y lo logra a veces
con qué animalidad!
Y uno se ve flotando a la deriva
en mares que aturden los sentidos
hasta desesperarlos,
en barquichuelos de papel con plomo
que se hunden por instantes dolorosos;
y uno siente ahogarse la vida
y se grita entonces hasta desplumarse
y el agua entra en el alma hasta por las orejas,
y no aparecen horizontes con sus puntos fijos,
no aparecen moles que nos tranquilicen,
¿Cómo  sobreviviremos?
¿Cómo?...
Hay un puerto que se llama absurdo
allende el mar de las Tormentas;
es vulgar como cualquier tierra,
terriblemente hastiante y corrompida,
llena de sandeces y vulgaridades,
es una tierra que todo promete y nada da,
y que nos ensucia más de barro
donde las sanguijuelas proliferan
hasta dejarnos sin sangre.
Una tierra de nadie y para todos
que nos parece limpia y es hedionda,
que nos parece vida y es la muerte
que nos parece gloria y es derrota;
una tierra sin cabellos y sin dientes,
que nos hunde pero nos salva…
Es el puerto que se llama absurdo.

Fuente: Guzmán Aranda, Jaime. ¡Poetas, los de mi tierra! Ríos Santa Editores. Chimbote, 2005.

miércoles, 11 de julio de 2012

Víctor Unyén Velezmoro



Víctor Unyén Velezmoro (Chimbote, 1943). Químico Farmacéutico, escritor y docente. Ha merecido diversos reconocimientos como: Palmas Magisteriales Grado de Maestro 2010. Medalla del Centenario y Personaje del Siglo de Chimbote (2006), Patrimonio Cultural Vivo de Ancash por el Instituto Nacional de Cultura (2008). Autor de más de 15 obras.

Nostalgia

Estoy sentado cual espectador impávido,
tratando de ser indiferente al
instante crucial que me rodea;
más no puedo evitar que la nostalgia
del ayer impulse nuevos bríos,
a mi condición de asalariado,
de un mundo cortante, móvil,
que se escapa núbil de las manos.

Es el momento crucial de lo indefinido,
que persevera mantenerse
en un mundo mutante, imperfecto;
a veces sórdido, implacable,
entre los glóbulos rojos
que recorren cada milímetro
de las arterias de mi cuerpo,
mundano y a la vez divino.

Soy, sólo un número impar
 en la vastedad del universo,
con un código genético
que se repite cíclicamente.
Y en cada retorno inmaculado
vivo las experiencias
de mundos inconclusos
que coinciden en mi edad exacta.

Yo soy de este y también de otros mundos
que cortando el tiempo
se adentran en la historia;
se alargan hasta desaparecer finito
en cada recodo de una esquina vertical
que cae en el oasis de la esperanza;
en la seguridad
de volver a renacer en cada aurora.

Y en cada línea no escrita,
sobre una hoja plana
de mi cuaderno marchito
de esperanzas rotas.
Horizontal, me levanto sobre mis huellas,
incrédulo y sorprendido; 
para empezar nuevamente a navegar 
en el silencio de las tardes grises.

Entonces ¡Vivo! Trato de sobrevivir 
en el calvario de mis penas,
sobre mis dudas y temores,
entrelazo mis ideas vanas,
llevando sobre los hombros
canciones hechas poesía.
Y la alegría de vivir “siempre de pie
 y nunca de rodillas”.

Fuente: Blogs de Víctor Unyen Velezmoro ( http://victorunyenvelezmoro.blogspot.com/)

miércoles, 4 de julio de 2012

Félix Ruiz Suárez



(Trujillo, 1925). Es miembro del Grupo de Literatura Isla Blanca y de la Magna Fraternitas Universalis “Dr. Serge Raynaud de la Ferriere”. Publicó los poemarios Sintonía del alba (1980) y El hierofante inmortal (1998), así como el libro de cuentos El anciano y la serpiente (1985), El opúsculo Yami, el elefante malvado (2006) y Violentas lámparas de humo (2008). El año 2003 ganó el concurso de la letra del Himno del Distrito de Coishco (Ancash).

Naufragio 
                   a Miguel Rodríguez Paz
   II

Tenía electricidad cada imagen que derramaba
                                                         tu pluma
y un fanal era cada página que escribías.

Así colaborabas para que no haya tanta 
                         oscuridad en Chimbote.

Pero un día se fueron todas las gaviotas
que en tus ojos dormían
y entonces el placer y el dolor
fue un círculo vicioso que te abrazaban 
la pena embravecida golpeó las costas de
                                              mi corazón
cuando fui a visitarle al Barrio Fiscal
y tirado en tu cama te vi
como llama quebrada que poco a poco se seca,
con una sombra embotellada en tu cabecera 
y la humedad del alcohol oxidando tu voluntad.

Tus sombríos se pudrían en tu interior 
porque estaban enlagunados 
y un olor a días fermentados despedía tu
                                                       boca.
Cuánta sed de oscuridad había en tu paladar.
Cuánta ceniza derramaba tu mente.
Y cuántos sueños hundidos en el fondo de
                                                 las copas.

Descendiendo de ti iniciaste la huida 
por debajo de los días 
y al querer alcanzarte tu mujer y tus hijos,
solo encontraron tus huellas sin motores
                                               y sin alas. 

Tengo miedo que alguna tumba tenga sed de 
                                                                ti
o que naufraguen tus miradas 
que tanto navegaron sobre las olas.

Fuente: Suárez Ruiz, Félix. Síntonía del alba. Ediciones Isla Blanca. Chimbote, 1980.