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lunes, 3 de septiembre de 2012

A la sombra de todos los espejos: una visión itinerante de la pluma en el espejo


Ricardo Cotrina Cerdán


A la sombra de todos los espejos, de Ricardo Ayllón, constituye una antología cuya selección poética traduce las inquietudes estilísticas y temáticas por las que el autor ha transitado con éxito desde Almacén de invierno.

La poesía chimbotana y de la Región Chavín se han enriquecido con aportes que  Ricardo Ayllón ha introducido a través de sus obras poéticas.

Desde Almacén de invierno, que incorpora una visión desgarrada y exabrupta de emociones que no solo aborda una situación existencial compleja sino también una concepción fatalista y encarnada sobre el amor y la sexualidad; su estilo cosmopolita le permite aprovechar técnicas de estructuración de metáforas, metonimias y las imágenes en las que se encripta y explota hasta la saciedad. Tal vez sea este hecho el que lo fulmina en el ocaso de una ciudad que no percibe el reflejo de una luz que pugna entre el espejo y las sombras.

Si en Almacén de invierno (primera parte del libro) la prosa poética contiene un ritmo interior que transa con la atmósfera emocional que traducen sus palabras, en Des/Nudos. Para cinco dibujos de Víctor Barrionuevo sus palabras transan con las imágenes creadas por Barrionuevo para connotar un tiempo y una circunstancia que refleja con sencillez el rostro maquillado de la vida, el dolor, la angustia, el placer y el festín.

En el acápite A la sombra de todos los espejos, Ricardo Ayllón vuelve a la prosa poética, manteniendo tres constante inevitables de su estilo: la deconstrucción de las imágenes poéticas: “Lejanos los ladridos, el viento –desde esta ventana que me deja penetrar como saliva, como respiro tragándose mi nombre sin imagen concebida– dejarás que descienda donde ti ataviado de hojas verdes, ardiendo, dispuesto a guarecerme de la violencia solapada con que las horas intentarán espolvorear mi figura de barro anónimo y breve”. (“Para que me llames de una sola forma”); su abstraccionismo: “para que la ciudad –lejana como tu corazón de plumas y partidas– jamás conozca los resquicios de tu alma ni la vaciedad de tus esquirlas” (“Si quieres hundirte en un relámpago”); y la sustantividad del tema sexual bajo la sombra: “Todos oyen,/ cercenan parte de mi aliento y repiten,/ Gabriela,/ que el río puede ser la libertad / o la historia de tu cuerpo.// Y no niego que sería memoria de tu piel,/ un latido gimiendo invierno arriba,/ el espíritu de un campo aprendido entre las sombras” (“A la sombra de todos los espejos”).

En  la antología poética A la sombra de todos los espejos no encuentro una poesía de los bordes, ni enmarcada en la otra ribera, como ha señalado Antonio Sarmiento; percibo una reasunción de las variables más significativas de la vanguardia clásica y contemporánea. Percibo una tendencia impresionista, muchas veces se torna expresionista; cuando distorsiona las formas y produce constructos poéticos denoto un sesgo fauvista; algunas expresiones como “dulce baba de tu dimensión mamífera” que rompen esquemas de una perspectiva romántica de la poesía tradicional, me inclinan a percibir un halo de vorticismo; asimismo, encuentro un tono y  estructuras surrealistas en el poema “Tras los muros del desvarío”, en este mismo poema se encuentra una actitud creacionista.

Los temas de la vida moderna que Ricardo Ayllón aborda en esta obra expresa la tensión, la angustia existencial y social del hombre. No arriba hacia extremos políticos, ni ideológicos o estéticos de la posmodernidad, por lo menos en el ciclo de producción poética que se cierra en esta antología. En la recursividad icónica que aprovecha Ricardo Ayllón en Des/Nudos. Para cinco dibujos de Víctor Barrionuevo solo existe una relación externa que parte de un pretexto icónico a un texto poético y a partir del cual se produce una intertextualidad objetivable solo en el proceso de cognición lectoral. Este hecho de intermixión dibujo/poesía constituye un tímido acercamiento a las últimas tendencias del vanguardismo contemporáneo que explora con audacia el uso de la historieta, el collage y otros productos-basura de la actual cultura que incluye formas del lenguaje.

* Publicado originalmente en: Puerto de Oro. Investigación & creación. Año I. N° 3. Chimbote, setiembre 2003

"Desatendida Poesía"


Ricardo Ayllón

La poesía está maldita. Paseo por librerías, estanterías de editoriales y ferias de libros, y cada día se acentúa en mí la certeza de que en lo que menos interés tiene el lector promedio en el Perú, es en adquirir libros de poesía. Hago una miniencuesta entre amigos lectores preguntándoles la razón, y las respuestas son casi las mismas: “Es que la poesía cada vez se entiende menos”, me dice un profesor de secundaria; “¡A la poesía le falta acción!”, responde un estudiante universitario casi instintivamente; “La poesía es para escribirla, no para leerla”, intenta ser esclarecedor un escritor amigo.

Lo cierto es que los poemarios se aburren más de la cuenta en los anaqueles y, por lo tanto, los editores se han vuelto renuentes a darles la misma oportunidad que a los textos de narrativa. Si usted tiene listo un volumen de poemas y recurre a una editorial peruana para que ésta apueste por sus versos, se enfrentará al terrible muro de las dificultades. La respuesta del editor será más o menos así: “La poesía no vende, amigo; si desea editar esos poemas tendrá que financiar usted mismo el libro”. Y es que es la verdad, a no ser que el editor ponga un poemario a un precio casi de regalo y el contenido temático sea muy pero muy atractivo (poesía de amor, generalmente), ese editor apenas venderá ejemplares para recuperar lo invertido.

Una alternativa ante esto, es que el autor haya ganado recientemente un premio literario; premio que, sin embargo, sea lo suficientemente mediatizado y difundido como para que el editor se arriesgue a impulsar un tiraje mínimo. La otra alternativa es continuar editando ‘vieja poesía’, léase: a los muertos, a los consagrados o a los clásicos.

¿Qué ha ocurrido entonces con la poesía? ¿El lector del siglo XXI es menos sensible que antes?, ¿ha llegado el momento de comenzar a cavar una tumba para la poesía?

Proyectémonos a partir de mi miniencuesta. Me parece que las dos primeras respuestas: “Es que la poesía cada vez se entiende menos” y “¡A la poesía le falta acción!” van casi de la mano. Se trata de una situación que puede proyectarse con las siguientes interrogantes: ¿Quiere decir que, en el ánimo de mostrarse modernos e innovadores, los poetas escriben cada vez más enrevesado y, sin proponérselo, han espantado al lector común? ¿O es al revés, es decir, es el lector quien se interesa cada vez menos en renovar sus inquietudes temáticas y estilísticas y, en este sentido, no otorga un espacio en su biblioteca personal a nuevas propuestas estéticas?

Veamos: las personas que me dieron estas respuestas fueron un docente de Comunicación Integral de secundaria y un estudiante de Lengua y Literatura, respectivamente. El primero, en la institución educativa donde labora, es nada menos que coordinador del Plan Lector; y el segundo, ya cursa el último ciclo, próximo a obtener su título profesional. Si dos profesionales que se constituyen, sin duda, en orientadores de lectura en sus comunidades estudiantiles, tienen este concepto de la poesía, creo que ésta está perdida. Pues en el colegio del profesor de Comunicación Integral quizá ninguno de los libros con los que trabaje en Plan Lector, sea un texto lírico; y, en el caso del estudiante, a la hora de desarrollar ejercicios de gramática entre sus alumnos pasará sobre la poesía, u, obligado por el plan curricular, tocará solo a los clásicos y modernistas establecidos generalmente en los materiales de enseñanza.

Por otra parte, la tercera respuesta: “La poesía es para escribirla, no para leerla”, lanzada por mi amigo escritor, puede arrojar también ciertas luces. Lo que él trata de decir es que en nuestro país casi todo el mundo (la mayoría en secreto) se lanza a poetizar pues resulta un ejercicio de espontaneidad; es cuestión de que la persona se sienta conmocionada por alguna situación (amorosa, existencial, social, etc.) para que, de manera casi intuitiva, intente esbozar unos versos; a partir de ello, más de uno sentirá que es un ‘poeta de verdad’ y, con los años, se adjudicará (al menos íntimamente) el rótulo de poeta. Pero la hechura narrativa resulta menos espontánea, pues si bien el ejercicio de ésta puede comenzar también como un impulso, conforme el escritor avance descubrirá que su logro es producto de un oficio a largo plazo, con mucho de paciencia y tiempo libre, y, en este sentido, la mayoría abandonará el barco.

Ahora bien, desde el punto de vista del lector, está aquel ingrediente de nuestra mera constitución narrativa. Me refiero a que el ser humano es una especie que en todo momento está detrás de una buena narración: la televisión, las noticias, los amigos, las reuniones familiares, los chismes, los chistes de sobremesa, son siempre encuentros con la narrativa (oral, por supuesto); y de allí, a pasar a la narración escrita, hay un solo paso. ¿Que la poesía es también una narración de sentimientos? Pues sí, pero según la versión de los actuales lectores, cada vez más difícil de entender y con ausencia de ‘acción’, palabra clave que puede interpretarse como ‘hecho’, ‘suceso’, ‘acontecimiento, es decir, directamente relacionada con la narrativa y no con la poesía.

La conclusión de todo esto es que la poesía es cada vez más desatendida por los lectores, y si este descuido comienza a establecerse en las preferencias de docentes y orientadores de lectura, la pobre necesitará una suerte de relanzamiento. ¿En quién recaerá la responsabilidad?: ¿en el ejercicio de los propios creadores?, ¿en las preferencias de los nuevos lectores?, ¿en el sistema educativo que no ha profundizado en la diversificación lectora? La respuesta, imagino, la debemos hallar, en conjunto, en una mesa concertadora, “desayunados todos al borde de una mañana eterna”.

Fuente: Blogs de Rodolfo Ybarra: Aquí

lunes, 27 de agosto de 2012

"Vientos del sur". imagen de la poesía neochimbotana.


 Ricardo Ayllón

La provincia del Santa cuenta ya con una tradición lírica reconocida a nivel nacional, y es que desde la segunda mitad del siglo pasado, con la aparición de las primeras muestras individuales y las primeras agrupaciones de poetas, esta tradición comenzó a enraizarse con la única certeza de que para tiempos actuales sería toda una realidad.

Chimbote, en aquel panorama creativo, era todavía una sola y vasta jurisdicción, sin el actual fraccionamiento que presenta desde hace dos décadas dividiéndolo en los distritos de Chimbote (al norte) y Nuevo Chimbote (al sur), razón por la cual, los enfoques del trabajo literario hecho en esta parte de la costa de Ancash tenían la vastedad de una única circunscripción. Pero ahora, para nadie es un secreto que existen sensibles diferencias entre ambos distritos, algunas de las cuales van más allá de las meras características demarcatorias. Nuevo Chimbote —en comparación con el «viejo» distrito de Chimbote— es percibido como un territorio de promisorio capital humano, con un crecimiento ordenado y una proyección urbana que parece seguir un verdadero patrón de modernidad; lo cual ha hechoque el distrito sureño logre una importante individualidad y, gracias a ello, sea observado y aquilatado hoy como un territorio que comienza a ganar su propia identidad.

II
Sobre la base de esta premisa, no me parece prematuro ofrecer muestras del trabajo creativo desarrollado al interior del distrito. En el caso particular de este volumen que congrega la producción lírica, el lector encontrará un repaso de lo hecho por sus agentes teniendo como patrón la cronología promovida por sus años de nacimiento, sin descartar, obviamente, sus verdaderos lugares de procedencia, pues estos servirán para comprobar el carácter joven de Nuevo Chimbote. 

Atraídos por la gran trasformación social y económica suscitada con el fenómeno de la pesca industrial y las oportunidades laborales accesorias a esta, los primeros habitantes del sur de Chimbote fueron inmigrantes del resto del país que definieron aquí su residencia, experimentando el peso de la nostalgia por el terruño dejado y —a la vez— su condición de vecinos de un territorio donde emprendían una forma de vida distinta. Urbanizaciones primigenias como Buenos Aires, Bruces y Bellamar acogieron a un primer grupo de foráneos organizados en minisociedades de empresarios, empleados públicos, profesionales, pescadores, etc., para conformar el punto de partida de esa gran aventura ciudadana denominada posteriormente Distrito de Nuevo Chimbote.

Y esta historia ha sido también el soporte para la presencia de sus artistas y escritores. De este modo, poetas como Manuel Arteaga Rosales y Óscar Zevallos Marín, naturales de las serranías de La Libertad y Ancash, respectivamente, saben cantarle a su tierra de origen, y, sin embargo, son llamados también por temas de índole universal como las que atañen la sensibilidad social y existencial. Pero el trabajo expresivo y estilístico de estos dos poetas trasluce todavía el temblor de un arte con evidentes signos iniciáticos, es decir, escriben más por el impulso que produce la conmoción de sus espíritus que por pensar en hacerse de una carrera literaria con los cuidados técnicos que ésta exige. Tal característica es, por supuesto, el reflejo del carácter juvenil de una sociedad como la chimbotana, donde no existen aún las condiciones ni los requerimientos para un arte mejor logrado. 

Pero Nuevo Chimbote es también cuna de una de las instituciones educativas que sin duda favoreció el reciente y acelerado desarrollo cultural de la provincia: la Universidad Nacional del Santa. Debido a suinstitucionalización previa a la creación oficial del distrito, es posible contar actualmente con una importante promoción de profesionales, entre los que se encuentran serios creadores literarios. Docentes y estudiantes de esta universidad, gracias al rigor intrínseco que incumbe a todo centro superior de estudios, supieron ofrecer una poesía mejor lograda. Poetas como Ricardo Cotrina Cerdán (docente) y egresados como Azágar, Maribel Alonso, Pablo Moreno, Elmer Coral o, los más jóvenes, Juan Onzer y Viscely Zarzosa, han brindado sus primeros escarceos líricos en paralelo a su desempeño profesional o estudiantil. Ya sea escribiendo en silencio (Alonso), orientando a los estudiantes (Cotrina), conformando agrupaciones literarias o editando revistas especializadas (Azágar, Moreno, Coral, Onzer, Zarzosa), estos poetas consiguieron manifestar (y todavía lo hacen) sus logros estéticos con el necesario amparo académico que exige en tiempos actuales una labor tan sensible como la poesía.
 Lo mismo ha ocurrido con Denisse Vega Farfán, doblemente estimulada en su formación universitaria, pues si bien estudió Derecho en la Universidad César Vallejo (donde obtuvo sus primeras preseas literarias), pasó también por la Universidad Nacional del Santa (UNS) conformando el Taller de Arte Palamenco, en el cual es seguro que cinceló mejor su espíritu creador; mientras que Sonia Paredes Soto, que en un primer momento estuvo alineada a agrupaciones de poetas instituidas en la UNS (como Trincheras y El Universalismo), estudió luego Educación, reforzando así su formación personal y profesional.
Insular —con referencia al contexto académico chimbotano— es el caso de Augusto Rubio Acosta, quien, formado en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Lima), llegó a nuestra provincia a vivir su experiencia creativa y difusora de la mano del Grupo de Literatura y Arte Isla Blanca, pero siempre teniendo a Nuevo Chimbote como referente cultural y personal.
Se trata pues de poetas de los nuevos tiempos, nuevos como este distrito que necesita conocer la obra creativa de sus hijos, pues solo así el actual poblador neochimbotano sabrá reconocerse como tal y valorarse en su independencia cultural.

III
La presente muestra no es una antología ni una selección con sentido cancelatorio, sino más bien un mosaico que pretendo poner de modelo en función del acopio de material realizado para este volumen, tomando en cuenta —no obstante— a poetas con una presenciadistinguible dentro del distrito, ya sea en tiempos pasados, presentes o con una proyección en el tiempo percibida como cierta. Se trata, en suma, de un criterio tan importante como es el de la conciencia creativa, es decir la identidad del poeta como tal, decidido a enfocar su rumbo vivencial por ese camino. 

No he condicionado esta muestra a un parámetro temático ni estilístico. Aquí se encuentra la libertad del creador con todas sus aflicciones y esperanzas, con el cúmulo de su experiencia estética e íntima, desnudo ante un lector que sabrá aquilatar su trabajo desde sus propios referentes lectorales. Se trata de un trabajo, además que, en lo personal, debo agradecer al escritor Víctor Hugo Alvítez, quien me ha brindado buena parte de la bibliografía consultada, gracias a su labor frente al Centro de Documentación Regional «Ancash».

Queda pues en vuestras manos el objetivo final de esta primera muestra de la creación lírica en Nuevo Chimbote. Y es que será con la lectura de este libro como se cerrará el círculo de esta maravilla que es el trabajo literario ahora que asoma como una porción certera del rotundo repertorio cultural de este distrito. Porción que los invito a disfrutar en toda su dimensión con el cariño y paciencia que merecen nuestros poetas locales. 

Fuente: Vientos del sur, imagen de la poesía neochimbotana. Fondo Editorial de Nvo. Chimbote, 2012

 

lunes, 4 de junio de 2012

Ricardo Ayllón

Nació en Chimbote en 1969. Estudió Derecho y Ciencia Política en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima. Poeta, narrador y editor del sello “Ornitorrinco”. Ha publicado los poemarios Almacén de invierno (1996), Des/Nudos (1998), A la sombra de todos los espejos (2003) y Un poco de aire en una boca impura (2008). También ha publicado los conjuntos de relatos Monólogos para Leonardo (2001), Baladas del ornitorrinco (2005) e Imberbes (2005).


Humedad y sombras

1

Te espero, mujer, como a la noche; espero lo que no sé rehusar y me detengo a detallar lo que la noche y yo conocemos de ti.

Sirve de almohada el brazo en dos que respira como animal adormecido, sirve de sábanas la sombra enorme que lucha en la ventana por no ser pobre ceniza. Sirve de piel el aire que atrapo para ti, mujer, que rasgará tu olor aún ileso.

Fumo de pie, sin mirar la nube infectada que la noche está desechándonos. Paladeo en un baile la imagen de tus ojos, raspo mis rodillas en toda la habitación, dibujo tus muecas genitales, esparzo mi saliva con la memoria de tus vellos.

La noche es la hija de los minutos abiertos y desesperados.

2

Digo, a la sombra entera, que estás hecha del coágulo del cielo a la hora de su olor letal a noche. Digo que cabalgo en un grito a tu llegada humeante, a tu sahumerio, a tu danza paciente de mujer oscura sin sonrisa neta.

Como salida del mar, eres espuma, alga divina y húmeda. La noche sabe bien de ti y me revela tus meneos mojados para amar.

La noche es una ciudad sin forma, una exclamación que renuncia a tus caricias y me da la espalda, me oye gimiendo desde fuera, desde donde ya no logro leer sus ojos que solían versarte, mujer.
Pero yo no renuncio, pues tú eres la araña con sentido que me teje un suéter de respuestas, luna de fibras que la noche no me brinda, lucero para mi piel sin razones.

Has llegado y pronunciado una palabra sabor a lengua que se traduce a nivel de tus pliegues, cuando la noche se retuerce lejana en su poder y nosotros la ignoramos, mujer.

3

No escuchamos el descanso, la contemplación pasiva de los cuerpos. Negamos el juego bruto y reducido que nos quiere hacer caer como en hielo, como espíritus vencidos en rincones.

¿Para qué la paz si nosotros somos universo y noche alborozada? De lejos nos aplauden acordes de penumbra como tributo, como lucecillas encendidas en nombre del deseo.

No nos hemos detenido en espacios, entre hojas o fatiga con que nos tiente la noche. Nosotros somos horizonte, firmamento estallando en sombras.

No nos han de molestar más los flojos susurros del detenimiento, ni el canto inútil que los hombres le aprendieron a la noche. Perpetuidad, grito, grito. Prolongación de dos seres que se yerguen desde una habitación con ventanas suficientes.

Llamado del mundo a tus cabellos, a mis gestos proyectados en el cielo, a tu sangre de hembra desangrándose en el acantilado negro que parte de mis márgenes. Felicidad, jamás detengas esta confabulación lograda con tanto trajín, este barullo sin luna ni estrellas.

Te esperé, mujer, para que nos señalen siempre como fundidas islas nocturnas.


Fuente: Ayllón Ricardo. A la sombra de todos los espejos. Arteidea. Lima, 2001