domingo, 10 de junio de 2012

Denisse Vega Farfán


Nació en Trujillo, el año 1986. Autora de los poemarios “Euritmia" (2005), “Una morada tras los reinos (2008)”, con el que obtuvo el premio Poesía Joven del Perú 2008, y de la plaquette “Hippocampus" (Uruguay, 2011). Poemas suyos han sido traducidos al inglés y francés, apareciendo en revistas nacionales e internacionales.

ignoro lo que pende en mí
si un rayo     un búfalo muerto
o un jardín de estacas
a punto de clavarse

le huyo a la noche
al sol de los paganos
me alimento con el pan que nadie quiere
me embriago con el silencio que el hombre ignora

 duermo sobre el ombligo de una acémila muerta
que es mi nombre 
escarbo su pelambre aromada por desollados frutos
de pureza

no poseo un rostro definido
mi piel está hecha del cuero de muchos animales
mis órganos son los frutos
de alguna mandrágora venenosa
mi historia es el tartamudeo
de cada dios inexistente
mis ojos son humo
y humo azul mi lengua

todo canto que llega a mis oídos
se convierte en plaga
no conozco padres
soy la consecuencia de varios apareamientos
probablemente la marea que sube y baja en mi cabeza
es producto de aquél entre un salmón y una loba

no sé dónde permanecer
si en la tierra     en el agua
o en la atmósfera que tiene la expresión
de un enorme ahogado
que licua el universo

mi nombre está detrás de todos los nombres
pergeñando sus vestidos
tratando de descifrar cómo dignamente deben morir
las especies como yo

no sé si por mi rostro corre azufre
o las resonantes palabras de los muertos

por tantos siglos antes de los siglos
algo parecido a la sed y la ondulación de la abeja
me ha desgarrado la nuca

animal de ceniza
esteparia sangre
coágulos de cieno mal zurcido
mi sombra ha abandonado los espejos
y desaforada ríe
en el dintel de las cosas

el sol de aluminio ha caído
anidándose en mis vísceras
la eternidad y sus hierros
se han desplomado sobre mis hombros
el hombre de lata golpea y golpea
su ciego tambor bacante
busca entre sus despojos un charco limpio
para alzar un torrente
de fuegos     de sílfides     de escamas
intenta anudar las corrientes en un solo verbo
con manos impropias
hasta para amar a las piedras

no ha de herirme
no ha de verme
aunque lo embista con una antorcha viva en sus ojos

pero sus hilos como máquinas
jadeos de un ángel desvanecido
al ras de mis talones
el reptil que adivina el paisaje
y delinea la frontera
las escalas  
los descensos
el cebo atorado en la garganta
la soledad desde la primera culpa
el obituario

he de retirarme de aquí como un ciego
que arroja el bastón
he de cubrir con cal mis señales
saltar sobre esas cabezas soleadas
que no voltean la noche
ese amor de caucho
removiendo la polvareda


Fuente:Vega Farfán, Denisse. Una morada tras los reinos. CCE & Lustraeditores. Lima, 2008.

http://mareacultural.blogspot.com/2009/06/denisse-vega-y-una-morada-tras-los.html
http://mareacultural.blogspot.com/2008/09/denisse-vega-poeta-joven-del-per-2008.html

sábado, 9 de junio de 2012

Oscar Colchado Lucio




Poeta, cuentista y novelista, nació en Huallanca, Ancash, en 1947. Reside en Lima desde 1983. Anteriormente vivió en el puerto de Chimbote, donde fundó el Grupo Literario Isla Blanca y dirigió la revista Alborada. Creación y análisis. Es profesor de Lengua y literatura. Entre sus obras narrativas más importantes figuran: en cuento: "Del mar a la ciudad" (1981), "Cordillera Negra" (1985), "Camino de zorro" (1987), "Hacia el Janaq Pacha" (1989) y "La casa del cerro El Pino" (2003). En novela juvenil: "Tras las huellas de Lucero" (1980), "Cholito en los Andes mágicos" (1986), "Cholito en la ciudad del río hablador" (1995), "¡Viva Luis Pardo!" (1996), "Los dioses de Chavín" (1998), "Cholito en la maravillosa Amazonía" (1999) y "Cholito en busca del carbunclo" (2008). También es autor de un libro de cuentos para niños: "Rayito y la princesa del médano" (2002). Ha publicado, asimismo, las novelas "Rosa cuchillo" (1997) y "Luis Pardo". "Noticias del gran bandido" (2010), así como una obra temprana: "La tarde de toros" (1974). Colchado es autor también de tres poemarios: "Aurora tenaz"(1976), "Arpa de Wamani"(1988) y "Devolverte mi canción"(1989); y un manojo de leyendas para niños. Ha recibido, entre otros premios, el “José María Arguedas” de cuento (1978), el “José María Eguren” de poesía (1980), el Premio Copé (1983), el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil (1985), el Premio Latinoamericano de Cuento (CICLA 87), el Premio Nacional de Educación (1995), el Premio Nacional de Novela “Federico Villarreal” (1996) y el Premio Internacional de Cuentos “Juan Rulfo” (2002). En el 2011, publicó su gran esperado volumen "Hombres de mar".

Un día Irene

Un día, Irene, nuestra patria será distinta.
Podremos sembrar trigo
en el sitio donde hoy todos las estrellas
convergen mudas.

Habrá niños recogiendo caracoles en las playas
y también banderas de amor
flameando en nuestros pechos,
y entonces sí que echaremos al viento
nuestras alegrías tantas veces
                                                     reprimidas.

Bendeciremos los caminos
que dieron cauce a nuevos himnos.
Te escribiré todos los días
con las palabras que ne mi garganta
yacen prisioneras
no habrá hambre
                              y flamearán sonrisas
sobre nuestras lágrimas al fin evaporadas.

Pero hoy que la cólera nos convoca
y nuestros ojos son charcos
donde se empozan las cenizas de los abyecto,
siempre nuestros besos sabrán amargos
y la tristeza no dejará de empañar nuestras miradas.

Mañana
luego que hayamos recuperado el pan, el trigo, la semilla,
sonrientes curaremos las heridas
y el beso y el amor y hasta las querellas nuestras
tendrán la dimensión apetecida.

Fuente: Cultura de Chimbote. El despertar de un coloso. Víctor Unyén Velezmoro. 1979.

Fernando Cueto



Escritor nacido en Chimbote el año 1964, se recibió de abogado en 1987, ha publicado los poemarios "Labra palabra" y "Raro oficio"; también las novelas "Llora corazón", "Lancha varada" y "Días de fuego". Ganador del premio internacional Copé 2012 con su novela "Ese camino existe". Anteriormente, había conseguido el segundo lugar en el concurso de Novela Política Premio Pasacalle (2008).

Labra palabra


Y ese grito que nos buscaba
atravesando largas tormentas,
recorriendo los círculos concéntricos
de la oscura memoria.
Y esa catarata auroral
de torrentosas voces,
y los otros gritos,
los que iban en respuesta
al constante eco.
Sutiles sonidos de cuerpos
sobándose en la noche,
fundiéndose con los extenuados
arrullos maternales,
esos cantos breves
que nos descifran el Universo
y nos asustan con su rotunda
         felicidad.
Entonces esa imagen sembrada
en el espíritu,
estrellándose con la esmaltada
sonrisa,
inmanente al olor severo
de la tierra,
a la visceral música indeleble
del idioma.
Esa desbordada voz que nos nombra
y repica desesperada en la lengua,
en los dientes insinuantes
y nos inunda la boca de cal viva,
de miel inveterada
y regurgita recia vitalidad
por los sonidos nasales,
por los susurros aprehendidos,
por la prístina imagen copulada
y se labra la palabra,
Oh, Alfarero,
        tu magnífico don.

Fuente: Cueto Fernando. Labra palabra. Río santa editores. Chimbote, 1997.

Juan Ojeda


Nació el 27 de marzo de 1944 en Chimbote. A la edad de 18 años viajó a Lima para postular a la Universidad de San Marcos e ingresa a la Escuela de Filosofía. Allí conoce a los poetas con los cuales formaría el grupo literario "Piélago".

En vida publicó "Ardiente sombra" (1963) una elegía dedicada al poeta Javier Heraud; "Elogio de los navegantes" (1966), que obtuvo una mención honrosa en el concurso "Poeta joven del Perú" y "Eleusis" (1972). Visitó Brasil y Panamá, luego, a su regreso (1973) ingresa a la Escuela de Bibliotecarios en la Biblioteca Nacional.

El 19 de noviembre de 1974, a la edad de 30 años, el cuerpo inerte de Juan Ojeda fue encontrado tirado junto a la berma, en la cuadra 23 de la Av. Arequipa. El poeta afirmaba que "la vida es una breve fiesta a la cual todos estamos obligados a asistir".

Soliloquio


Para el que ha contemplado la duración
lo real es horrenda fábula. Sólo los desesperados,
esos que soportan una implacable soledad
horadando las cosas, podrían
develar nuestra torpe carencia,
la vasta sobriedad del espíritu
cuando nos asalta el temor
de un mundo ajeno a los sentidos.
Qué esperarías, agotado de ti
o una estéril música,
cuyo resplandecer al abismarse te anonadaría.
Pero tú yaces oculto o simulas alejarte
de lo que, en verdad, es tu único misterio:
en la innoble morada de la realidad
nutres un sentido más hondo,
del que ya ha cesado todo vestigio humano.
                                       Y destruyes
el reino de los innombrable, que en ti mismo habita.


¿Qué esperarías? ¿Sólo madurar, descendiendo
en una materia más huraña que el polvo?


Nada hay en los dominios frescos
del sueño o la vigilia.


                                    Así
he considerado con indiferencia mi vida,
y ya debemos marcharnos.

Fuente: Juan Ojeda. Bajo la piel de la palabra. Revista de colección (Conozca a los poetas peruanos). Lima, 2011.

viernes, 8 de junio de 2012

César Quispe


(Chimbote, 1977). Es fundador de las revistas de literatura "Tinta libre" y "Eleusis". En el año 2003 obtuvo el Primer Premio en los Juegos Florales de Poesía “Juan Ojeda Ojeda”, organizado por el Instituto Nacional de Cultura de Chimbote y la Universidad César Vallejo. Colaboró en el diario "La Industria de Chimbote". En el 2007, publicó su primer poemario, "El vuelo de la mosca". En el año 2009 fue galardonado con el Primer Premio del V Concurso Internacional Bonaventuriano de Poesía, organizado por la Universidad de San Buenaventura en Cali, Colombia. En el 2011 se consagra con el I Premio Internacional “Carlos Ernesto García” en poesía, convocado por la Universidad  Francisco Gavidia, de El Salvador. En el 2011, lanzó su segundo poemario "Una piedra desplomada". Sus poemas aparecen en revistas nacionales e internacionales. Es docente en el Instituto Superior BITEC de Chimbote. Actualmente colabora en el diario "Correo" de Chimbote y dirige la revista de literatura "5esquinas".

IV

no me hundas
tu corona líquida
solo derrámate con tus ancas en los miles espejos
de las moradas
llora los sueños
antes de abrir las puertas y los puertos
disfruta los crepúsculos en tu boca m a q u i n a l i z a d a
dona tu corola entreabierta 
y descubre los llantos plumíferos
de los que viven como tú entre los ruidos
pero no me hundas
tu  c o r o n a  l í q u i d a

déjame abandonar la cama
s i  e s to y  p e g a d o  a l  i n s o m n i o 

si nada ansío de nada

p r e c i s a m e n t e
no puedo hacer nada como los insectos 
que se atropellan 
d e l i r a n                              f a l l e c e n
s e  r e i n t e g r a n              s e   i n f l a m a n
s e  b u s c a n       y               s e   e n t r e g a n

pero yo de ti

no reclamo nada

miércoles, 6 de junio de 2012

Esteban Couto


Seudónimo de Christian Ahumada Heredia (Chimbote, 1987). Docente egresado en la especialidad de Comunicación, Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad San Pedro. Activo integrante del grupo literario "Isla Blanca". Uno de los ganadores de IV Concurso Nacional de Poesía Prima Fermata Literaria 2008. Ha sido incluido en la Muestra de Poesía Joven "La orgía Inmóvil" (Ornitorrinco Editores, 2009), la I Antología de Narrativa Breve "Catástasisz" (Editorial Alternativa OREM-Trujillo, 2009) y la Antología Narrativa del Grupo Isla Blanca: "Atravesando la Nada" (Mantícora Editores-Chimbote, 2010). Reside en Arequipa, siguiendo estudios de Literatura y lingüística en la Universidad Nacional de San Agustín. Ha publicado el volumen de poesía "Saco de Carbón".


Hay en la substancia del hombre
              un dolor
                         que lo seca por dentro
se disuelve/ suda/ terco reaparece
tiende un escalofrío en sus tinieblas.

Existen colapsos convertidos en humo
un manojo de hiedras absorbiéndole las venas
cuando tantea la acidez de sus tierras.

todo en él muere
y aunque renazca
perseguirá los rastros
de su atroz nebulosa
                               / en proterva flama.

Escuchen:
en cualquier ojo
en cualquier milésima de segundo
de cualquier ser puro
sentirá el alma un dolor
que lo partirá en pedazos. 

Por eso la tenebrosa quema de los trigos
                             / cuánta maleza!/
por eso la materia de las llagas echando
                             sus últimas raíces.

Fuente: Couto Esteban. Saco de Carbón. Aletheya. Arequipa, 2011

lunes, 4 de junio de 2012

Ricardo Ayllón

Nació en Chimbote en 1969. Estudió Derecho y Ciencia Política en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima. Poeta, narrador y editor del sello “Ornitorrinco”. Ha publicado los poemarios Almacén de invierno (1996), Des/Nudos (1998), A la sombra de todos los espejos (2003) y Un poco de aire en una boca impura (2008). También ha publicado los conjuntos de relatos Monólogos para Leonardo (2001), Baladas del ornitorrinco (2005) e Imberbes (2005).


Humedad y sombras

1

Te espero, mujer, como a la noche; espero lo que no sé rehusar y me detengo a detallar lo que la noche y yo conocemos de ti.

Sirve de almohada el brazo en dos que respira como animal adormecido, sirve de sábanas la sombra enorme que lucha en la ventana por no ser pobre ceniza. Sirve de piel el aire que atrapo para ti, mujer, que rasgará tu olor aún ileso.

Fumo de pie, sin mirar la nube infectada que la noche está desechándonos. Paladeo en un baile la imagen de tus ojos, raspo mis rodillas en toda la habitación, dibujo tus muecas genitales, esparzo mi saliva con la memoria de tus vellos.

La noche es la hija de los minutos abiertos y desesperados.

2

Digo, a la sombra entera, que estás hecha del coágulo del cielo a la hora de su olor letal a noche. Digo que cabalgo en un grito a tu llegada humeante, a tu sahumerio, a tu danza paciente de mujer oscura sin sonrisa neta.

Como salida del mar, eres espuma, alga divina y húmeda. La noche sabe bien de ti y me revela tus meneos mojados para amar.

La noche es una ciudad sin forma, una exclamación que renuncia a tus caricias y me da la espalda, me oye gimiendo desde fuera, desde donde ya no logro leer sus ojos que solían versarte, mujer.
Pero yo no renuncio, pues tú eres la araña con sentido que me teje un suéter de respuestas, luna de fibras que la noche no me brinda, lucero para mi piel sin razones.

Has llegado y pronunciado una palabra sabor a lengua que se traduce a nivel de tus pliegues, cuando la noche se retuerce lejana en su poder y nosotros la ignoramos, mujer.

3

No escuchamos el descanso, la contemplación pasiva de los cuerpos. Negamos el juego bruto y reducido que nos quiere hacer caer como en hielo, como espíritus vencidos en rincones.

¿Para qué la paz si nosotros somos universo y noche alborozada? De lejos nos aplauden acordes de penumbra como tributo, como lucecillas encendidas en nombre del deseo.

No nos hemos detenido en espacios, entre hojas o fatiga con que nos tiente la noche. Nosotros somos horizonte, firmamento estallando en sombras.

No nos han de molestar más los flojos susurros del detenimiento, ni el canto inútil que los hombres le aprendieron a la noche. Perpetuidad, grito, grito. Prolongación de dos seres que se yerguen desde una habitación con ventanas suficientes.

Llamado del mundo a tus cabellos, a mis gestos proyectados en el cielo, a tu sangre de hembra desangrándose en el acantilado negro que parte de mis márgenes. Felicidad, jamás detengas esta confabulación lograda con tanto trajín, este barullo sin luna ni estrellas.

Te esperé, mujer, para que nos señalen siempre como fundidas islas nocturnas.


Fuente: Ayllón Ricardo. A la sombra de todos los espejos. Arteidea. Lima, 2001